Desde hace más de 25 años hemos aprovechado cualquier oportunidad para realizar los recorridos que más inquietud nos han despertado. Comenzamos recorriendo Francia, Italia y Suiza, hasta llegar a la frontera alemana, con un Seat 600, que ya en aquella época tenía más de 20 años a sus espaldas, y continuamos llegando hasta el norte de Dinamarca con un Panda de poco más de 30 caballos de potencia. Las alegrías y penurias de aquellos viajes, realizados a velocidades medias de poco más de 60 km/h, han marcado el resto de nuestros desplazamientos y a lo largo de estos años, teniendo la conciencia que lo realmente importante era el destino y las vivencias coleccionadas durante el recorrido.
Ahora que la mayoría de nosotros podemos viajar en avión o en automóviles de altas prestaciones (hasta los de gama baja ya lo son), hemos decidido simplificar esta rutina al máximo y volver a los orígenes utilizando una moto.
Aunque es un vehículo de gran agilidad, la moto no está exenta de padecer con rigor los cambios climáticos, la fatiga que provoca a las pocas horas de estar sobre ella y la limitación de espacio para poder transportar con cierta comodidad los utensilios necesarios para vivir unos cuantos días fuera de casa.
Regresamos a la sencillez, transportamos lo básico durante el viaje y disfrutamos de la versatilidad de un vehículo que, si por algo es querido por sus acólitos, es por la sensación de libertad que aporta.


